El sábado nos vamos a la Antartida.
Hoy miramos el Canal Beagle y tomamos café en una tacita nueva.
El velero se mece anclado en un muelle enamorado de los reflejos.
Disfrutamos el silencio y la soledad.
Una vez te pregunté si la Antartida era azul,
los blancos predominan respondiste.
Cierro los ojos y pienso en los manglares, que soy yo;
recuerdo la foto que tomó Antonio y tituló ¨Milagro¨.
No necesito más el cardamono
que no creció en los jardines colgantes.
Babilonia está más lejos ahora.
Tal vez si yo estuviera en Yucatán
sería la Xtabay parada junto al cenote
o la mestiza que no ha vendido arepas a los turistas en Pisté.
Pero soy la mujer que se mece en un velero
y que camina en la oscuridad para mirar de nuevo por la claraboya.
Después regresaré a tus brazos asegurando
que mañana tampoco comeré centollas.
Me mirarás sintiendo lo que siento.
Comeré chipá, porotos y batatas
tomaremos aquella bebida de mandioca
y de postre haré koserevá.
martes, 8 de febrero de 2011
viernes, 4 de febrero de 2011
Ñandé Retá

Dice que ha retratado rayos luminosos en Teotihuacán,
en el templo de Kukulkán ha pasado lo mismo.
Nos pregunta si será una sensación poética.
Le doy un trago a mi café;
pienso en fenómenos energéticos que no entiendo,
después en Cuerda de humo, la sonrisa de una niña
y unos ojos persiguiendo enigmas.
Entonces veo Luzazul brillando cerca de mí.
Palpo la poesía presente en todo mi entorno,
las ganas de compartir certezas que ha descubierto en mí...
y digo sí, tiene que serlo.
María José Moreno
en el templo de Kukulkán ha pasado lo mismo.
Nos pregunta si será una sensación poética.
Le doy un trago a mi café;
pienso en fenómenos energéticos que no entiendo,
después en Cuerda de humo, la sonrisa de una niña
y unos ojos persiguiendo enigmas.
Entonces veo Luzazul brillando cerca de mí.
Palpo la poesía presente en todo mi entorno,
las ganas de compartir certezas que ha descubierto en mí...
y digo sí, tiene que serlo.
María José Moreno
miércoles, 2 de febrero de 2011
En Candelaria, Misiones
Esperé este día para venir a Candelaria. A veces soy tan predecible como el hornero que construyó su nido en la ventana del departamento aquel invierno, cuando descubrimos que como los demás constructores descansaba los domingos.
Anoche estuve en la bendición de "Las Candelas", después de la procesión y creí ver a Andresito Guacurarí entre la gente justo cuando las campanas anunciaban algo, seguro que ya eran las doce y que empezaba el día de la Virgen.
Sí, sé que soy fantasiosa y loca, (que no es lo mismo pero es igual) pero era tan parecido el guaraní que vi al del cuadro aquel que me enseñaste en el museo. Seguro te preguntarás riendo si también encontré al General Belgrano comiendo un asado. Pues nó, tampoco lo vi descansando bajo un árbol adentro de una casita en la plazoleta de la avenida San Roque González. A ti si que te veo en cada plazoleta y en cada parque, te encuentro en mis sueños, ensueños y hasta en el espejo cuando veo mi propio reflejo.
Todo es lindo en este país, lástima que no encontré tamales, como los que estarán comiendo ahora en el Jardín del Pavo Real.
Mañana regreso a Iguazú; te llevo Elixcor en una linda botella de cerámica y un retoño de Sarandí.
Rohayhu ha aise nendive pya'e
martes, 1 de febrero de 2011
Arandu Kaattu
Dijo que se casarían, la naturaleza sería el único testigo.
Ella escogió Iguazú, él corrió hasta Wanda y le compró un amatista;
le recordaba el color de la ropa de ella en su primera noche juntos.
Ella le compró un anillo de jade para que reviviera la furia de los ojos
del jaguar que lo enamoró en Chichen Itzá.
Tupá envío esa tarde a a Angatupyry a indicarles el camino.
Taú tardaría en encontrarlos, el estruendo de las cataratas no lo iba a permitir.
A cincuenta metros de la garganta del diablo se juraron amor.
La eternidad ya la tenían en ese instante.
María José Moreno
Ella escogió Iguazú, él corrió hasta Wanda y le compró un amatista;
le recordaba el color de la ropa de ella en su primera noche juntos.
Ella le compró un anillo de jade para que reviviera la furia de los ojos
del jaguar que lo enamoró en Chichen Itzá.
Tupá envío esa tarde a a Angatupyry a indicarles el camino.
Taú tardaría en encontrarlos, el estruendo de las cataratas no lo iba a permitir.
A cincuenta metros de la garganta del diablo se juraron amor.
La eternidad ya la tenían en ese instante.
María José Moreno
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